De nuevo en Rapel.
Hace tiempo que no manejaba al lago. Como ya no puedo venir tanto, generalmente coincidía con mi hermana y nos íbamos en su auto. Pero como mi hermana se venía hoy, y yo quería largarme lo antes posible de la ciudad, me vine sola.
Venía angustiada, pensando en lo que no he logrado sacar de mi cabeza en toda la semana, tan obsesionada que ni siquiera le estaba prestando mucha atención a la música ni a nada más en verdad.
Y de pronto, tomé la carretera, las pistas se despejaron un poco más, y en la radio comenzó un especial de Nora Jones. Y algo en su voz, en la melodía, y sobre todo en sus letras como que comenzaron a calmarme. Me di cuenta de que tenía el cuerpo tenso, y lo relajé. Bajé la velocidad del auto –siempre tengo la sensación de que estoy como en una carrera cuando hay demasiado autos en la carretera, acelerar para mantenerse en la pista izquierda, castigar a los que creen que pueden pasarse por la otra pista y no dejarlos pasarse de vuelta, y en fin- y como que algo pasó en ese momento que logró tranquilizarme.
Siempre me ha dado una extraña sensación de libertad manejar a Rapel. Como que hay algo en eso de dejar la ciudad atrás, enfrentarse a los campos en vez de edificios, ver los cerros, las viñas, esos otros estilos de vida que conviven solo a media hora de nosotros, y que sin embargo parecen radicalmente distintos. Supongo que tiene que ver con la idea que hay detrás de eso, de saber que en cualquier minuto uno podría en teoría dejar todo eso que la ciudad tiene adentro (pega, universidad, cuentas, amistades, relaciones rotas, tensión, depresión y etc) y simplemente tomar el auto, llenarlo de bencina, y partir.
Es una linda idea, aunque uno sepa que en el fondo nunca lo va a hacer.
O quizás sí.
Y eso, un pequeño post de algo parecido a la esperanza, entre tanta shit de esta última semana.
Hace tiempo que no manejaba al lago. Como ya no puedo venir tanto, generalmente coincidía con mi hermana y nos íbamos en su auto. Pero como mi hermana se venía hoy, y yo quería largarme lo antes posible de la ciudad, me vine sola.
Venía angustiada, pensando en lo que no he logrado sacar de mi cabeza en toda la semana, tan obsesionada que ni siquiera le estaba prestando mucha atención a la música ni a nada más en verdad.
Y de pronto, tomé la carretera, las pistas se despejaron un poco más, y en la radio comenzó un especial de Nora Jones. Y algo en su voz, en la melodía, y sobre todo en sus letras como que comenzaron a calmarme. Me di cuenta de que tenía el cuerpo tenso, y lo relajé. Bajé la velocidad del auto –siempre tengo la sensación de que estoy como en una carrera cuando hay demasiado autos en la carretera, acelerar para mantenerse en la pista izquierda, castigar a los que creen que pueden pasarse por la otra pista y no dejarlos pasarse de vuelta, y en fin- y como que algo pasó en ese momento que logró tranquilizarme.
Siempre me ha dado una extraña sensación de libertad manejar a Rapel. Como que hay algo en eso de dejar la ciudad atrás, enfrentarse a los campos en vez de edificios, ver los cerros, las viñas, esos otros estilos de vida que conviven solo a media hora de nosotros, y que sin embargo parecen radicalmente distintos. Supongo que tiene que ver con la idea que hay detrás de eso, de saber que en cualquier minuto uno podría en teoría dejar todo eso que la ciudad tiene adentro (pega, universidad, cuentas, amistades, relaciones rotas, tensión, depresión y etc) y simplemente tomar el auto, llenarlo de bencina, y partir.
Es una linda idea, aunque uno sepa que en el fondo nunca lo va a hacer.
O quizás sí.
Y eso, un pequeño post de algo parecido a la esperanza, entre tanta shit de esta última semana.