sábado, mayo 19, 2012

De nuevo en Rapel.
Hace tiempo que no manejaba al lago. Como ya no puedo venir tanto, generalmente coincidía con mi hermana y nos íbamos en su auto. Pero como mi hermana se venía hoy, y yo quería largarme lo antes posible de la ciudad, me vine sola.
Venía angustiada, pensando en lo que no he logrado sacar de mi cabeza en toda la semana, tan obsesionada que ni siquiera le estaba prestando mucha atención a la música ni a nada más en verdad.
Y de pronto, tomé la carretera, las pistas se despejaron un poco más, y en la radio comenzó un especial de Nora Jones. Y algo en su voz, en la melodía, y sobre todo en sus letras como que comenzaron a calmarme. Me di cuenta de que tenía el cuerpo tenso, y lo relajé. Bajé la velocidad del auto –siempre tengo la sensación de que estoy como en una carrera cuando hay demasiado autos en la carretera, acelerar para mantenerse en la pista izquierda, castigar a los que creen que pueden pasarse por la otra pista y no dejarlos pasarse de vuelta, y en fin- y como que algo pasó en ese momento que logró tranquilizarme.
Siempre me ha dado una extraña sensación de libertad manejar a Rapel. Como que hay algo en eso de dejar la ciudad atrás, enfrentarse a los campos en vez de edificios, ver los cerros, las viñas, esos otros estilos de vida que conviven solo a media hora de nosotros, y que sin embargo parecen radicalmente distintos. Supongo que tiene que ver con la idea que hay detrás de eso, de saber que en cualquier minuto uno podría en teoría dejar todo eso que la ciudad tiene adentro (pega, universidad, cuentas, amistades, relaciones rotas, tensión, depresión y etc) y simplemente tomar el auto, llenarlo de bencina, y partir.
Es una linda idea, aunque uno sepa que en el fondo nunca lo va a hacer.
O quizás sí.
Y eso, un pequeño post de algo parecido a la esperanza, entre tanta shit de esta última semana.

domingo, mayo 13, 2012


Las mentiras son una cosa poderosa.
La gente no se da cuenta, porque es tan fácil mentir, en verdad.
Pero para proteger una sola mentira, tienes que crear toda una red alrededor.
Creo que eso es lo que más me choca de todo esto. La facilidad con la que una persona que se supone que te quería pudo mentirte tan directamente, tan elaboradamente.
Luego, cuando te dicen “debí haberte dicho antes” ya ni se trata de esa mentira original, sino de los miles de momentos, conversaciones, detalles, encubiertos de esas otras mentiras para proteger la primera.
Y el hecho de que finalmente te confesaron la verdad cuando ya no quedaba otra.
Y el hecho de que una era prácticamente la única ciega que no sabía la verdad.
Y cómo una mentira así puede empañar toda una relación con alguien, llenar todos esos vacíos, responder todas esas preguntas.
Y pensar que yo trataba de convencerme de que era solo mi locura, de que era esta maldita paranoia, nada más. De que tenía que trabajar la confianza, de hasta compadecer al sujeto en cuestión por tener que soportar mis locuras, mis arranques de paranoia.
Nada peor para un paranoico que le confirmen sus miedos y sospechas.
Y lo bakán de tener este tipo de cabeza, es que no puedo pensar en otra cosa. En mi mente, como si estuviera eternamente apretado el botón de “re-play”, se repiten y repiten conversaciones, situaciones, explicaciones. Lo abismante de la situación como que no deja de caer una y otra vez, y la verdad es que no se me ocurre ninguna comparación o metáfora que no sea cursi ni parezca exagerada.

Y lo peor, pensar que esto confirma que en realidad es muy mala idea creerle a la gente. Que aunque creas que conoces a una persona, puede que otra se esconda debajo de ella.
No sé. Desde ayer que siento que me quedé dormida y estoy estancada en una mala teleserie, de esas que dan pésimos argumentos, malos diálogos, escenas que no llegan a ningún lado. Y lo peor es que no logro despertar.

jueves, mayo 03, 2012

Consejos que me ha dado la gente en el presente y en el pasado cuando les cuento que terminé con el novio y que tengo pena:


-No llores hasta el viernes, porque si lloras ahora en la semana vas a tener que llegar a la pega todos los días con los ojos rojos, y mal.
Comentario: Sí, es probable que eso suceda y claro, intento no llorar.

-El viernes, arrienda unas cinco películas románticas y tristes (aquí me han dado sugerencias que ni siquiera he querido recordar porque francamente el drama romántico es lo peor de lo peor, prefiero mil veces ver una película de acción, y eso que no son mis favoritas, pero es que puaj) y llora harto. La idea es que uno llore todo lo que tiene que llorar, pero por la película, no por lo que le pasa a uno. Y el lunes, uno llega de vuelta a la pega desahogada y renovada y todo lo demás.
Comentario: No sé, puede ser una teoría válida. Nunca la he probado, pero creo que solo el hecho de tener que ver ese tipo de películas basura seguidas un finde me deprimiría más que las historias mismas, y es demasiada tortura para considerar en este momento.

-Córtate el pelo y compra ropa nueva
Comentario: Sí, probablemente debería hacer ambos, y no solo porque se supone que va a levantar mi autoestima o lo que sea, sino porque no tengo nada que ponerme para la pega y hace rato ya que no me corto el pelo y no tengo complejo de Rapunzel. Bueno, ya, en verdad sí.

-Tira con otros chicos
Comentario: No puedo. No tengo ganas. Solo tengo un amorcillo muy platónico por ahí –y él no tiene idea- pero aparte de eso no, cero ganas de meterme con cualquier chico porque en general tengo muy, pero muy mala suerte con esas noches “casuales” y me salen sorpresitas (en realidad decepciones) demasiado seguido como para querer repetir la experiencia compulsivamente. Además, quizás me he puesto más cartucha, o algo. Quién sabe. Right now estoy pegada con el tema del amor y todo eso, y no puedo separar lo uno de lo otro. Al menos de momento.

-Has una lista de todos sus defectos, las cosas que te molestaban de él, y las razones por las cuales está bien que hayan terminado.
Comentario: No hay. Digo, claro, hay una razón bastante específica por la que terminamos, pero aparte de eso, no, it’s not like that. No puedo ni quiero hacer una lista de sus defectos porque la verdad es que no tiene muchos, y los que tiene, bueno, citándolo justamente a él, uno se engancha con las virtudes pero se enamora de los defectos. Yo no sé si sea tan, tan así, pero claramente sus defectos son parte de quien es, y claro, yo lo quiero como es.

-Come chocolate.
Comentario: Oh, sí. Porque libera endorfinas, esas que uno empieza a echar de menos a falta de otros métodos, más agradables que comer chocolates por lo demás, pero en fin.

-Imprime una foto de él, quémala y luego entiérrala en la tierra.
Comentario: Esto no es broma y es un consejo que me dio nada más ni nada menos que mi hermana mayor cuando terminé con un novio a los 18, el que me ha durado más, por lo demás, y eso no es decir mucho. El punto es que… funciona. En serio. No me pregunten por qué, pero yo tengo una teoría. Y claro, es una teoría que me digo a mí misma para racionalizar un acto que en cualquier otra cultura sería considerado poco menos que vudú. Creo que tiene que ver con la psicomagia, con lo que hace Jodorowsky. Es que el inconsciente, o subconsciente o lo que sea, es muy potente. Y me parece fascinante que uno pueda en teoría comunicarse o afectar directamente en él, porque tenemos tan poco control sobre eso enterrado en nosotros y que solo aparece en forma de metáforas en nuestros sueños. Porque ese es otro tema,  y por eso me encantan los sueños y agradezco que sueñe tan seguido. Es tan, no sé, hasta hermoso el hecho de que sean justamente eso. Si uno es un buen lector, puede interpretar los sueños fácilmente, porque como digo, son puras metáforas. Y la onda de quemar la foto y todo eso, o cualquier acto psicomágico por el estilo apela directamente al inconsciente porque habla en el mismo idioma que éste (como a un amigo, el mismo autor le dijo que imprimiera la foto de su mamá en grande, y que se la pusiera a su polola, y que tirara con ella, y que en la mitad de la onda, le sacara la máscara. Ahora, a mí me parece un poco evidente y mega freak pero se entiende, inconsciente a la vena). Y nada, de repente funcionan ese tipo de actos metafóricos.
Pero la verdad es que cero ganas de quemar una foto de él.


¿Y qué es lo que estoy haciendo ahora?
Nada mucho. Pensando en él pero tratando de no pensar en él. Cuestionándomelo todo, desde mi relación con el chico este hasta todas las anteriores. Haciéndome preguntas idiotas, durmiendo poco. Pensando, por supuesto, que nunca más encontraré a nadie que me entienda, que me haga reír, etc, que obviamente me quedaré sola para siempre de ahora en adelante.
Y viendo muchas series, y escuchando audiolibros de fantasía, y nada, pidiendo consejos inútiles.

martes, abril 24, 2012

Como todas las dualidades que gobiernan mi vida, la llegada del invierno me trae dos sensaciones opuestas.
Me gusta el invierno. Bueno, el otoño más, aunque las estaciones se están difuminando, lamentablemente, de un tiempo a esta parte. Me gusta el frío mucho más que el calor. Me gustan los días nublados porque hay otra luz, las noches frías con neblina, porque los árboles y faroles parecieran salir de otro lado. Sobre todo, me gusta mucho la lluvia. Siempre ha tenido un efecto sedante, desde chica. Me gusta el olor a lluvia, y el sonido. Por alguna razón me hace sentir segura, me recuerda a algo antiguo, algo de alguna manera esencial. Me gusta ir a Rapel en invierno y mirar el fuego de la chimenea, usar chalecos y bufandas y abrigos, me gusta el peso de las frazadas en mi cama. Me gusta salir cuando llueve con paraguas y el sonido de las gotas chocando con la tela. Y me gusta salir sin paraguas también, y sentir el agua en mi cara, seguir caminando porque no me importa mojarme. Y el viento. Las tormentas cuando se pasan dentro de la casa, la sensación del aire helado en la cara. Y las hojas. Los colores rojizos de los árboles, el sonido de las hojas secas bajo mis pies.
Pero la falta de luz, el frío, y el cambio de colores del amarillo, naranjo, verde y rojo al los colores azulados y grises, me afecta en el ánimo. Me pongo más melancólica, supongo, más down, más “sensible”. Las cosas me afectan con una nueva intensidad, y me baja eso primitivo, anterior, porque seguro que en otra vida fui un oso o algo así, de esos animales que hibernan, que se meten en sus cuevas y no salen más hasta la primavera.
A ratos me gustaría hacer eso. Encerrarme en mi pequeña burbuja/departamento, con un stock absurdamente grande de series, películas y libros, y chocolate. Que mis amigos me fueran a ver, pero no salir. O solo salir a tomar el aire frío, a pisar las hojas, a mojarme con la lluvia y nada más.
Y sobre todo, me gustaría encerrarme a escribir, y tener el tiempo de realmente hacerlo, de pasar todo el día en eso, no estar demasiado cansada como suele sucederme últimamente.
Y otro efecto del invierno es que me pongo a pelear con la gente que quiero, y todo me afecta más, como si la vida se amplificara. Y me dan ganas de llorar un poco más, y hay mañanas en las que una cosa muy parecida a la soledad comienza a escalar por mi cuerpo, como si absurdamente fuera la única persona despierta en toda la ciudad.
Así que en eso estamos. De más está decir que el llegar todos los días a mi casa después de las 9, el colegio y la universidad, me tienen agotada. Y la floja crónica que vive en mí me susurra que lo deje todo, que efectivamente la idea de encerrarse hasta que pasen las estaciones frías.
Pero no lo haré. Al menos por el momento.
That’s all for now.

viernes, abril 13, 2012

¿Cómo sé que llegó el otoño y se acerca el invierno?


1. Cada día amanece más tarde. Ahora, cuando salgo de mi casa, hay luna y estrellas y bien podrían ser las 3am. Mientras manejo a la pega, me imagino que vivo en uno de esos lugares como Alaska o whatever, donde pasan seis meses en oscuridad y seis en completa luz. Pretendo que estoy en esos meses de oscuridad y que en realidad son como las 4 de la tarde. No sé por qué lo hago, no es como si hiciera menos deprimente el hecho de que es obvio que no debería estar despierta antes que se levante el sol, al menos in my book.


2. Volví a la manía de bajar compulsivamente capítulos de variadas series. Había parado en el verano, porque no sentía esa necesidad de ver y ver series como enferma. Pero ahora me volvió la ansiedad por la televisión y me he puesto a bajar todos los capítulos que tenía pendientes de mis series favoritas. Y ahora, mientras pasa lentamente el día, fantaseo con mi departamentito, mi pijama y mis horas de series frente a la televisión. En resumen: signo absoluto de que se acerca el invierno.


3. Estoy comiendo más chocolate.


4. Tengo más sueño. No solo en las mañanas, que siempre han sido lejos la peor parte del día, sino durante todo el día. Estoy practicando el arte de dormir con los ojos abiertos, aunque debo parecer más rara que la mierda mirando un punto fijo con la cara en blanco cuando se supone que debería estar haciendo algo.


5. Después de un par de meses de solo música, he vuelto a mis audiolibros.


6. Ahora, al contrario de los meses de verano, podría perfectamente pasarme todo el fin de semana en pijamas encerrada en mi departamento sin salir ni siquiera a la esquina.


7. Ah, y está haciendo más frío.

miércoles, marzo 07, 2012

sobre temores futurísticos e ideas de fuga en general

Hace un par de posts atrás hablaba sobre las cosas difíciles y mi temor innato a ellas.
Bueno, a pesar de que lo había dicho varias veces, solo hoy me cayó la teja de que este año que se viene será DEL TERROR.
Porque sí, empecé mi nueva pega y debo decir que me está costando adaptarme, or something. Las otras profesoras dicen que a todas les pasa al principio y nada, tengo toda la fe con que así sea, pero la verdad es que el tiempo ha cambiado y de las 7am a las 3pm hay un día entero. Termino raja, y nada, a pesar de que los niños son realmente increíbles, el tiempo pasa lento.
En todo caso, los niños son la raja. Es que es difícil explicar cuanto, pero es así. Y el lazo se ha creado casi instantáneamente, los niños de esa edad -6,7- tienen definitivamente otra manera de ver el mundo y de relacionarse con la gente.
Pero otro día hablaré de eso. Por hoy, como esto es básicamente un diario de vida y no puedo ver a quienes podrían eventualmente hacerme sentir mejor hablando conmigo o algo, pues posteo.
Tengo.miedo. En serio, y no tengo problema con reconocer que sé que suena de nuevo a niña mimada o whatever, que ay, me van a hacer trabajar o no sé qué. Pero la verdad es que tengo miedo porque además ya mañana me inscribo para estudiar la Pedagogía este año, y como que me cayó recién la teja de lo que verdaderamente va a ser este año. Trabajar en el día e ir a clases en la tarde, estudiar, preparar clases, ir a consejos, asambleas, trabajos en grupo, textos fomes sobre cosas que verdaderamente no me interesan. Oh. De pronto me bajan unas ansias migratorias y me dan ganas de fugarme. Tener alguna excusa –cualquier excusa- para irme del país, dejarlo todo, postergar planes sobre mi futuro, dejar toda responsabilidad. Encontrar alguna manera de hacerlo, de seguir siendo adolescente, de irme a viajar, por qué no, soy joven, no tengo mayores ataduras con el mundo, quizás efectivamente es una buena idea no estudiar, renunciar y de repente vender mi depto. y usar esa plata para irme a hacer un postgrado en cine o algo a España. O recorrer el mundo, digo, estos son los años, ¿no? ¿Por qué comenzar un estilo de vida, elegir una carrera, casarme con cualquier cosa tan temprano? Digo, para eso está el resto de la vida ¿no? ¿No debería estar teniendo aventuras, conociendo lugares, experimentando cosas nuevas o whatever? Porque después puede ser muy tarde. Quizás me dejo atrapar por el estilo de vida y termino casándome con un ingeniero o algo, comprando una casa cerca de la pega y teniendo un montón de niños para después despertar un día a los cuarentaytantos preguntándome en qué minuto todo se fue a la mierda y deseando volver a mis veinte y tomar otro camino.
Como ven: absoluto pánico. Y supongo que el problema es que le tengo un tremendo miedo al compromiso a las cosas con las que sí debería comprometerme, y con las cosas que no, no tengo lo suficiente. A mess. Y que sepa eso no ayuda en absolutamente nada a esta sensación de angustia que tengo en este momento.
Y además, me cargan las cosas difíciles y soy extremadamente floja, y la idea de tener que estudiar y trabajar y no tener ni un momento libre y estar absolutamente raja todos los días no me es atractiva en lo más mínimo.
Soy hedonista. Y lo sé. Y la cosa es que el tema de “estar pasándolo mal” siento que para mi especie es terrible de una manera que los simples mortales son incapaces de comprender.
Y claro, es que soy mimada y bla.

Ese sería mi comentario en estos primeros días de Marzo.
Les aviso si me voy a Tangamandapio.
O si colapso como pequeñi big bang antes.

miércoles, febrero 29, 2012

"all my neighbors look like extras"

Bueno, este es un tema recurrente en este blog. Creo. Pero whatever.
Esta semana ha sido un intermedio entre una semanita de vacaciones post pega anterior (oh sí, ya no seré una pequeña redactora de ofertas y tengo que confesarlo, me entristece un poco) y lo que se viene mañana. Mañana es mi primer día de profesora. O sea, en realidad, de asistente de profesora, en un colegio digamos conservador y nada más.
Estoy nerviosa.
Un poco porque es algo nuevo y desconocido y a los de mi especie no nos gusta ni uno ni lo otro, y en parte porque no sé. Soy insegura y como que todavía no me lo creo. No logro visualizarme como una “Miss” (sip, colegio inglés y muy similar al mío y no decimos nada más) para niños de 9 años. Dentro de mis pocos conocidos hay veredictos para un lado y el otro. Y yo, bueno, aquí estoy. Tratando de ser valiente y la onda.
Pero en fin, lo que quiero realmente comentar el día de hoy es que esta semana entonces han sido días que, a pesar de no estar trabajando, tampoco han sido así como vacaciones. Por culpa de los malditos trámites. O sea, claro, por culpa mía obviamente y esta estupidez que tengo de hacer todo y absolutamente todo a última hora. Es terrible, es una compulsión que por alguna maldita razón no puedo controlar, y lo peor es que lo paso pésimo semanas y semanas. Pero bueno me desvío, como siempre. Y como siempre también entonces, todo a última hora, y día lunes me doy cuenta de que el colegio este me pide una cantidad monstruosa de papeles que tengo que presentar el jueves. Papeles como certificado de nacimiento, antecedentes, Dicom, cartas de recomendación, títulos y huevás firmadas ante notario y hasta un examen médico. Así que estos días me he dedicado a recorrer la ciudad. Y en verdad, porque aparte soy súper desordenada y me pegué varios viajes estúpidos como de tener que ir a un extremo, luego al otro, y luego devolverme y en fin, muchas combinaciones en el metro y toda la onda.
Y lo que me ha pasado estos días es nuevamente esa sensación de que como que la gente se ve más como extras de películas que como gente de verdad.
En serio, es que los he estado mirando harto. Y eso que claro, trabajando antes he tomado el metro todos los días pero la cagó cómo en la mañana puedo andar en piloto automático y simplemente no ver ni escuchar nada. Y nada, estos días me he dedicado a realmente mirar, supongo. Porque, bueno, he estado rodeada de gente en el metro y nada, como que entre que hay turistas que sobresalen justamente porque no son como el resto, y me pasa que el resto ya no es como el “resto”. No sé si se entiende. Ya no son caras iguales, o genéricas, olvidables. Son rostros súper distintivos, con estilos concretos, roles súper concretos también.
Obviamente es un tema de perspectiva.
Pero lo que me pasa es que como que de repente se me hacen medios sospechosos. Porque es como mi amigo A. dice, nadie quiere ser del montón, pero la mayoría tiene que serlo, por lógica. Bueno, él lo dice mucho mejor y es en pos de criticarme cuando le digo que cuando tenía 15 era súper looser y nerd. En fin. El punto es que me he sentido estos días como dentro de un interminable video musical mezclado con imaginarios de Kafka y cosas. Porque me ha tocado ir a lugares tan lúgubres, tan maqueteadamente deprimentes, que no puedo dejar de dudar si no será realmente un montaje.
Supongo que la idea se me quedó pegada de esos días del primer y segundo año de universidad (sí, rememorando mode on) cuando empecé a salir con ese chico que me enseñó cosas nuevas, entre ellas, fumar pitos. Y como él era bueno para seguir mis ideas y él mismo tenía una predisposición bastante agradable hacia esto de ficcionar la realidad o whatever, pasábamos muchas horas creando estas “teorías” sobre el mundo, sobre todo en realidad. Ahora veo ese tiempo como entre medio vergonzoso, medio enternecedor y con un poco de resentimiento, hay que decirlo, porque el chico en cuestión terminó siendo un mentiroso hijo de puta. Pero con una gran imaginación. Pero el punto es eso, pasábamos las horas hablando, y caminando por las calles del centro y pensando que todo era una maqueta, y que podíamos controlar la realidad y todas esas cosas que, sorprendentemente para mí al menos, con el tiempo pasaron a ser lugares comunes. Puedo decir con honestidad que en ese momento al menos pensábamos que estábamos siendo mega originales y que en realidad habíamos descubierto LA VERDAD, lo que sea que fuera eso.
En fin. Supongo que parte de eso se ha quedado conmigo, y ahora mientras estoy en el metro o mientras camino por providencia, me parece que todos me miran de reojo, que la gente está demasiado maqueteada, demasiado vestidos con estilos particulares, demasiada belleza o exotismo o whatever como para ser real. O que realmente, no puede ser que las notarías sean tan pero tan calurosas y todos se vistan de café. Y esos viejos con trajes a cuadro, y esa vieja con ese vestido a lo francés y esa sombrilla con encajes, es que por favor, el equipo de vestuario se está sobrepasando un poco.
Porque eso es lo otro, y quizás una señal de que estoy viendo efectivamente demasiada televisión, es que a veces encuentro, como decirlo, errores de producción en la realidad. Como que cacho cuando al director se le pasó una, o cuando ese extra entró dos veces por la misma esquina. Cuando producción está teniendo un mal día o no sé, los de la escenografía o efectos especiales se equivocaron cuando por ejemplo hoy, me agregaron dos secuelas extra de caminata haciendo la conexión entre la Línea 5 y 1. En serio, estaba llegando al tren y de pronto veo que no, que es mucho más allá. Errores técnicos, ya ven.
El problema es cuando uno se pone a pensar en qué tipo de errores estará cometiendo el guionista en este embrollo. La gente no suele pensar en ellos, pero son los que finalmente crean la historia.
Veremos qué obstáculos y momentos de dispersión me otorgarán para mi primer día de trabajo el día de mañana.

Por ahora, that’s it.